Diario Noviembre 2009

Es importante mantenerse muscularmente activo. Pero mis músculos (específicamente los gemelos de la pierna derecha) no responden a la exigencia, han estado por semanas resentidos , me impiden hacer deporte, es decir cercenan una parte importante de mi y me obligan a que la teoría monopolice. Todo el mecanismo muscular me fascina. No hay cabida para el alma y en eso consiste la fascinación. Como ese famoso cuadro de Rembrandt donde los estudiantes de medicina están despavoridos con los tendones abiertos del cadáver, eso sí algo falto de respeto para la época, así me asombro con el mecanismo de mis músculos y me deprimo cuando fallan. El futbol es bello pero es muy dado a lesiones, correr es mejor aunque se merman las rodillas. A veces subo las escaleras de mi edificio de a dos o tres peldaños, en velocidad y cuando llego arriba , pienso “buen trabajo”. Cuando uno hojea un libro de anatomía queda una leve sensación de asombro y melancolía. Por que el espíritu tan poderoso en otra época se humilla ante la evidencia profunda del cuerpo, de ahí podemos hablar de biopolítica, desde los tendones y los gemelos y olvidarnos de Hegel como un gran chiste lógico.

Ni para profesor teórico ni para profesor moral , sólo serviría para dar una difusa senda de lo que esta enfermo el mundo de hoy. El mundo esta enfermo de uno, del que pasa , del que comprende , de la conciencia.


El libro “Temario” de Juan Rivano esta olvidado, descatalogado y absurdo en las estanterías de la librería, me espera, estoy seguro que nadie lo tiene, se que volveré en seis meses a ella y estará todavía allí como diciendo ¿te decidiste?


El romano medio de la República no sabia en toda su dimensión de que se trataba lo que hoy se conoce como civilización Romana, estaba allí por ende ignoraba su condición. Al igual que el hombre de hoy no sabe de qué se trata el mundo actual, el historiador del futuro lo sabrá. Que lejos de la experiencia se encuentra la historia. Que castigo es el presente.


No creo en el progreso pero aun así es una verdad de hecho, ¿como solucionar ese dilema? podando la técnica que envuelve al hombre para despojarlo de todo. Cuando se habla de progreso uno mentalmente debe apropiarse de un devenir natural que quita, que da, que nace, que muere y no deslumbrarse con pequeños bienestares que se comportan como si fueran paraísos.




No se lo que es escribir, si uno lo hace (como acostumbradamente lo creen la mayoría de los escritores) para ser exitoso y famoso de inmediato cae un rayo y desvirtúa lo poderoso del texto. Esto no quiere decir que no se desee ser leído, al igual que el arquitecto de la catedral gótica que quería acoger a toda la pequeña ciudad en ella pero aun así no firmaba la obra , suprimía el autor porque la intención de la obra era otra . La literatura debería ser una mancomunal de seres anónimos . A pesar de lo anterior el yo , la auto inspección delataría a un autor. Tal como los arbotantes que sostienen a la catedral gótica, los arbotantes que sostienen a la literatura es el yo. Escribir como actividad no debería ser mas que el alpinismo, se sabe que detrás de subir una montaña hay un deseo anónimo de aventura, de comunión en algunos casos, pero perfectamente nadie debe enterarse que un tipo subió una montaña sólo por el hecho de hacerse famoso (aunque hoy los hay) .Esto me recuerda el placer sin sentido de subir un monte , el vacio oriental, “Nepalense” que hay detrás de una excursión. ¿Que pensó Petrarca al subir el monte Ventoux? Sabemos que en su cima leyó unos versos de San Agustín , es decir pensó en algo mas grande que Petrarca , algo ya difícil para el incipiente individualismo humanista. Llevó un ejemplar de "Las Confesiones" y leyó esta inolvidable frase : «Van admirando los hombres, los altos montes, las olas del mar, la larga trayectoria de los ríos, la inmensidad del océano, la revolución de los astros, pero no tienen la más mínima preocupación hacia ellos mismos».

Aún así el humanismo se divorcia equilibradamente de la naturaleza, nace algo bello e inofensivo pero que se transformaría posteriormente en un monstruo. No dejo de pensar en ese arquitecto gótico ¡anónimo! No lo nombro, no lo conozco, aun así lo identifico. ¡Es tan difícil ser anónimo! No conozco su nombre esto no quiere decir que no lo tenga.
Ni tampoco el gestor (ya diría casi inconsciente de nuestra civilización) Cristo ahorrándose cualquier intención de ser un autor literario. A pesar que el cristianismo literariamente es obra de Pablo, de sus traumas y dolencias, sólo por que Cristo sabiendo el problema del autor no quiso o no le intereso tomar la pluma. ¡Que nadie sepa nuestro nombre aun así nos conocerán!



Diario



“No, el mundo no está descentrado, sino yo, su gran enamorado, el enamorado de lo natural, que nunca hice algo natural excepto si encontraba un acto artificial que pudiera reemplazarlo. Testimonio: no vivo, escribo”.

Nietzsche –“Mi hermana y Yo”



Estamos cansados, la gente se muere y las respuestas se agotan (nacen agotadas). La filosofía aburre. El cosmos se electrifica y me brinda un espíritu tan lleno de información que lo hace retorcerce y gemir : ¡No esperes llamar a esto progreso!!!


La labor es hacer de la nada un dios seguro , que no pida nada, pero mi Dios sigue intacto arañándome las noches nihilistas , si se manifestó una vez se manifestará la vida entera . Porque no es a la experiencia ni a la verdad histórica a la que nos ajustamos . Es sólo al temperamento que ha sido forjado en un eterno pasado y que el hombre que vive ahora sin poder, sin ánimo no puede deshacer.


Que se yo … Se lee a Montaigne como un libro eterno, fisiológico , es como vestirse en las mañanas, cualquier página cualquier hora , no requiere un orden , es mas su lectura demanda un desorden.



Pero hay que estar atento , mi afán de conocimiento es solo un gesto infantil de desesperación. A priori se que no conoceré que no soy hombre de investigación, todo acto surge de la muda desesperación de un espíritu anónimo.


Cualquier estudio sistemático me es vedado, ningún orden novelesco en mi estructuración, sólo lanzo fragmentos a un mundo fracturado. En lo único que puedo sentirme un maestro es en desestabilizar la idea del mundo. Y dejar que el sentimiento, rudo e inexacto se apodere de la vida. De mi los alumnos sólo pueden exigir desesperanza.


Necesidad de ser bueno, es proporcional a la necesidad de ser actor , ambas conviven en equilibrio total , sé que lo que mas valoro es lo mas falso.


No puedo vivir en un mundo sin verdad como no puedo vivir en el mundo sin un sistema inmunológico, a ambos solo los puedo comprender pero no ver. La necesidad de verdad es mi perversión mas extraña. No hay por ende la necesito.



Leyendo a Heine el deseo "de creer en un Dios que pueda servirnos de algo". Lo tremendo: no podemos separar a Dios de su utilidad, pensar a Dios sin ella es una especulación elevada pero poco sincera a los instintos. Pero se es más hereje con la poesía : Una noche tibia de primavera en el balcón de mi casa leí unos versos de Heine y me sirvieron….



El pragmatismo como solución psicológica me agrada justo en un momento de definición económica. La cultura burguesa aunque uno no sea parte efectiva de ella, extiende sus tentáculos de pertenencia y nos hace consumir , es decir nos hace culturizarnos. El bienestar, la comodidad nos hacen ser seres modernos, alejados del ajetreo heroico del antiguo. Nuestras cruzadas teológicas van de sillón en sillón de champagne en champagne.


No tengo simpatía por la cultura proletaria en tanto cultura, una clase no me es atractiva solo por el hecho de ser motor. El espíritu proletario huele a engranaje moderno, huele a amor al futuro. Los dioses y el destino le son ajenos.


Marx su teórico se ajusta demasiado a la verdad. Utilizando la ciencia esconde su histórico rol de profeta. La Historia y la materia, el faber y el optimismo. ¿Pero no son los mismos eternos tópicos metafísicos? sólo que ahora se pueden tocar. Es decir el valor ruge de nuevo pero nadie lo nota: Contemplación versus transformación.




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Claude Lévi-Strauss 1908-2009






“Testimonio privilegiado de cómo naufragan las culturas, quizás el etnólogo entienda, con esa incómoda conciencia, la dimensión real de su suerte y de su miseria: la de ser uno de los últimos en ver y palpar ese tesoro inmenso que es la diferencia, un tesoro que no supo merecer Occidente, esa playa, no menos triste, a donde llegan a morir los dioses. La antropología no es sólo una ciencia: es también un estado de ánimo".

(Claude Lévi-Strauss, “Tristes Trópicos”)


Diario

¡Cuanto se espera un talento!, cuanto se espera consagrar la individualidad detrás de un talento. Despojarse de todo incluso de la inteligencia, el todo o el individuo, el hecho o el principio, la razón o el sentimiento. La biografía o el paisaje. La ilustración o el Romanticismo. ¡Cuanto tiempo he estado golpeando como náufrago esas dos orillas! ¿Que hay más allá de eso? Mencionar la nada no excluye esperar de ella alguna teleología, no hay solución a nada. Los problemas metafísicos son cánceres lingüísticos.

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Si Max Brod el amigo de Kafka, le desobedeció salvando sus manuscritos en lugar de destruirlos, yo también necesito un amigo que me desobedezca, es decir, que queme mis manuscritos a pesar de que yo le ruegue que los salve.

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Soy un pequeño tornillo oxidado de una estructura económica que “cree” que puede hablar. Pero en realidad no soy nada más que la herencia de la confusión campesina del siglo pasado que tuvo que rematar sus símbolos, sus dioses y su gloria a cambio de monedas urbanas depositadas en la basura de la ciudad. De este intercambio nada bueno puede salir.

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Cuanto se me evitó el trabajo, cuanto se me evitó el aburrimiento. Cuanto se me evitó el sufrimiento. ¿Por que no seguí Siddhartha?, protegido en el palacio en vez de convertirme en un buda de porcelana que re-conoce el sufrimiento pero requiere un precio.


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El que no habla en el idioma de la técnica no obtiene su religión y está de más en su mundo. Es inactual. Aspiramos a ser mudos y sagrados.

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La lógica es una amarra. Sin importar su estructura y de que si esa amarra tenga algo misterioso en relación a su factura. Sólo importa conocer la forma de esta y no corresponde deslumbrarse. La lógica actúa en la vida como una maravilla que no quiere serlo. Un orden que no dice nada.


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El trabajo literario no genera ningún éxito. Dos posibilidades de triunfar: estar fuera de serie individual y colectivamente, que la creación se desarrolle en un medio determinado que facilite el genio y la mas genuina , la gótica, que la obra no necesite la manutención del autor.


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La función, la utilidad, el pragmatismo es una salida digna al nido de misterio que nos proporciona nuestra era. William James es un filósofo a mi medida .


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Mi obsesión solo se corresponde con la gigantesca dimensión de la interrogante infantil que pretendo resolver, no tiene que ver con nada erudito ni con conocimiento especulativo, sólo quiero responder una pregunta inmensa como la de un niño.


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No tengo ninguna ambición más que corresponder a lo menos las expectativas de los que me brindan apoyo. Mi trabajo por el contrario no es cercano a ningún éxito moderno. Sólo seguir la senda humilde de la pregunta que se rumia como alimento para si mismo.


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He tratado de volver al sabroso regazo de la literatura religiosa. Entre menos creyente me vuelvo, mas hablo y comprendo el lenguaje religioso.


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No es fácil el negar. Si hiciésemos una autopsia popular a la “razón práctica” el pueblo la encontraría bien armada, sólida pero tan fabulosa como un dios en la era industrial. La neuralgia del bien sin premio ni castigo, sino como puro noúmeno, como bien en sí. Un bien que se autoabastece … pero que asfixia lo sagrado.


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El rayo que cae hoy es igual al que cayó hace 5000 años, sólo ha cambiado lo que hemos podido hablar de él. Además del fenómeno físico no deberíamos acaso considerar tambien el fenómeno del lenguaje (casi como un rayo aparte). El conocimiento sobre el rayo no impide ni borra su halo sagrado de hace 5000 años. No hay una verdad que se depura sino dos lenguajes que se descubren.


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Diario

No existe ningún sentido en registrar cualquier acontecimiento y luego etiquetarlo como un producto estético, es decir no hay sentido en hacer pasar borrones por literatura, sólo serviría un registro catalogado de documentos, de sensaciones de un hombre común del siglo XX que se desorienta en el siglo XXI y que el historiador de las mentalidades del futuro seguramente catalogará como de loco, confuso y ansioso por un nuevo orden cultural. Todos los hombres de la historia han cantado a coro lo mismo: ¡que época me toco vivir! , eso no es tan sorprendente como el creer que se esta en una época de muchas.


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Un religioso no puede dudar, es inútil aportar datos razonables para el pensamiento religioso, pero es comprensible en los antiguos buscar un rigor a algo maravilloso. La razón que en la historia ha galopado por sobre colinas inestables, se topó con esta vieja espiritualidad humana, primero para comprenderla luego ignorarla. Pero ¿que es la religión sino un cúmulo de epilepsias que luego se poetizan, dominan y reposan en un poder irremediable? En el jardín de Milán, en su conversión, San Agustín escuchó un extraño "Tolle lege", “Toma y lee”. Ni Homero, ni Abraham, ni Mahoma se imaginan una conversión, un diálogo divino en clave literaria. Todas las revelaciones llegan de la epilepsia y no de un texto.


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La vida moderna es tediosa, sin majestuosidad, lo único que nos queda es ver documentales de glaciares y de bosques milenarios e inventarnos un aroma trascendental, pero la antigüedad no iba mejor, había mucho dolor físico, tanto como para que el alma se mantuviera saludable, hoy el alma es un artículo publicitario casi olvidado por que el tratamiento del bienestar del cuerpo la ha destrozado. Y esto del bienestar no es nada económico ni antropológico es solo un asunto cotidiano influenciado por mi reciente e indolora visita al dentista.


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Perder a Dios tarda un año y siete meses. Recuperarlo un minuto treinta y siete segundos. Pero el que vuelve lo hace como pura sospecha, negativamente, usando el mismo método que lo destrozó.


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Me maravillo ante cualquier dolor (desde una picadura de un insecto hasta un dolor de muela) y me escandalizo y asusto ante la posibilidad ideal de su total extinción.

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Mi etapa metafísica hoy suena desafinada, descolorida, maniaca, pero después de esa mala música ¿de que mas se puede hablar? , ¿De átomos?, ¿velocidades?, ¿masa?, predicciones científicas, ¡NO!... es rebelde hablar de lo que no se puede hablar.


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El mundo es seco hay que regarlo con el rocío externo de invenciones éticas y estéticas. Sólo el uso es autoridad.

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Lujuria , de luxus , contradicción romana , la primera tan asociada a ellos , la segunda su enemiga. luxus ,es decir, dislocado, desatado era un término incómodo al romano algo que se combatía. El derecho por ejemplo era una invención para atar, ordenar. Un caballo por ejemplo podía caer en un luxus. Desbocarse.
Esta contradicción se podría explicar quizás por la intervención semántica de los cristianos posteriores que asociaron el luxus romano al lujo, la ostentación, al sentido sexual. El cuerpo empieza ha incomodar al mismo tiempo que el lenguaje se hace poderoso.




Paseando con Thoreau y Chesterton. Jeremy in the house


Es totalmente incompatible la lectura con la aventura, y cuando se produce una extraña sincronía entre ellas sólo es posible mantenerla un pequeño tiempo. Hoy no hay ni aventura ni lectura. “Mi deseo de conocimiento es intermitente” dice Thoreau, seguramente concentrado en su paseo matutino por la laguna Walden en Concord. Conozco Walden, hoy en día se puede tecnológicamente sobrevolar cualquier rincón, es decir “conocerlo”, pero es vedado el pasear.


El espíritu original de Norteamérica, es decir, el espíritu salvaje, indígena y natural del filósofo trascendental de Concord nos advierte del peligro de conocer. Y nos aconseja con sus palabras suaves y desobedientes solamente adentrarse en los bosques, pasear , en suma revelarse frente al conocimiento. Thoreau dice en “Pasear”:


“En el transcurso de mi vida he conocido sólo a una o dos personas que comprendieran el arte de Caminar, o sea, de dar paseos, que tuvieran, por así decirlo, el don de sauntering (* Saunter: Deambular, vagabundear dar una vuelta o un paseo tranquilamente) palabra de origen admirable que deriva de «los holgazanes que vagabundeaban por el país en la Edad Media y pedían limosna con el pretexto de dirigirse à la Sainte Terre», a Tierra Santa, por lo que los niños exclamaban «Ahí va un Sainte-Terrer», el que se dirige a Tierra Santa. Los que nunca van a Tierra Santa en sus caminatas, como pretenden, no son más que meros holgazanes o vagabundos; pero los que allí se dirigen son auténticos paseantes, en el buen sentido, como yo lo entiendo. Algunos, sin embargo, creen que la palabra deriva de los sans terre, o sea, sin tierra ni hogar, lo que, por consiguiente y también en el buen sentido, significaría sin hogar fijo pero «como en casa» en todas partes. Puesto que éste es el secreto de un buen paseo. Puede que quien se queda sentado en una casa todo el tiempo sea el vagabundo más grande que exista; pero el paseante, en el buen sentido, no es más vagabundo que el río serpenteante que busca con afán el camino más corto al mar. Yo, no obstante, prefiero la primera etimología, seguramente la más probable. Porque cada paseo es una especie de cruzada a la que algún Pedro el Ermitaño interior nos invita a lanzarnos para reconquistar esta Tierra Santa de manos de los infieles”.


Jeremy es ese espíritu ingenuo del corazón de América, cowboy y civil, ha venido a mi casa por las típicas coincidencias del paseante, su trabajo además de pasear es conocer gente, no ama mas en la vida que pasear, saunter, seguramente conocerá gran parte del mundo turístico de nuestro siglo, conocerá todas las emociones, todos los vinos, las mujeres y los bailes de los más peligrosos rincones que se llenan de ese aire de fritura y de muerte que el olfato esquizofrénico del vagabundo busca en el constante cambio geográfico. Ha depositado en la experiencia la “gracia divina”, veo el pequeño espíritu americano de Concord en él. Preocupado de ser buena persona y de mantener sus pies en actividad. Escalando todas las montañas que se le pongan por delante, enseñándome un mapa de Norteamérica y diciendo en su particular español “manejé una semana para cruzar gran parte de América”, y yo escuchando atento y admirado le paso un mapa de lo que el llama “America” y le digo que alguien que cruza un país en esa condición inevitablemente se debe convertir en una especie de cronista.


Pero créanme que también desconfío del paseante, del que busca lo extraño en otro continente y no lo busca en el vecino, por que la humanidad más que en un río de la India se deposita frágil y a su vez potente en el vecino del barrio. Por eso escucho atento el paseo silencioso de Thoreau que quiebra majestuosamente las hojas secas del bosque , pero también tomo en cuenta el elegante gesto de cerveza urbana en la garganta de Chesterton que nos dice:


“Si mañana por la mañana una enorme nevada no nos dejara salir de la calle en que vivimos entraríamos de repente en un mundo mucho más grande y mucho más insólito que cualquier otro que hayamos imaginado. Pero todo el esfuerzo de la persona moderna típica es huir de la calle en la que vive. Primero inventa la higiene moderna y se va a Margate. Luego inventa la cultura moderna y se va a Florencia. Después inventa el imperialismo moderno y se va a Tombuctú. Se marcha a los bordes fantásticos de la Tierra. Pretende cazar tigres. Casi llega a montar en camello. Y al hacer todo esto está todavía esencialmente huyendo de la calle en la que nació; y siempre tiene a mano una explicación de esta fuga suya. Dice que huye de su calle porque es aburrida. Miente. La verdad es que huye de su calle porque es demasiado excitante. Es excitante porque es exigente; es exigente porque está llena de vida. Puede visitar Venecia tranquilo porque para él los venecianos no son nada más que venecianos; los habitantes de su propia calle son hombres y mujeres. Puede quedarse mirando a un chino porque para él los chinos son algo pasivo que hay que mirar; si se le ocurre mirar a la vieja señora en el jardín de al lado, la anciana se pone en movimiento. Está forzado a huir, para decirlo en breve, de la compañía demasiado estimulante de sus iguales-de seres humanos libres, perversos, personales, deliberadamente diferentes de él”.


Jeremy se ha marchado por que su trabajo es marcharse, y yo me he quedado por que mi trabajo es quedarme. Alguien que confía en que el destino le presente los amigos y alguien que confía que el destino lo vuelva invisible. Ambos somos paseantes , el espíritu y la experiencia se rozan cuando una imagen se deposita novedosa en la vida que viaja y la vida que se queda . Ambos buscamos una tierra distinta .Uno quizás en los grandes edificios orientales que sobreviven a la historia para los turistas y otro en los grandes edificios internos que se derrumban cada mañana para desocupar definitivamente el espíritu, vaciándolo en el viaje interior de la mano de un turismo propio.




Diario

La gente se ha puesto ha estudiar historia ¿y que ha conseguido?, los noticieros y periódicos nos decían que el mal era el nazismo y Hitler su demonio. No era difícil retroceder setenta años, incluso ver sus gestos maniáticos, todo estaba registrado, la historia funcionaría y cumpliría bien.

Hoy tras ver las reacciones de una exposición en Londres de la civilización azteca (Mexicas aclara el reportaje que leí en el diario) la gente ya protesta al enterarse de la crueldad de estos mexicas. Los detalles son escabrosos. Faltará un periodista para escandalizarnos y un antropólogo para valorarlos. El conocimiento, el informal y el erudito, igual es sentimental.

Entonces, dice esta gente, la colonización fue buena, los genocidios fascistas y comunistas del siglo XX no son nada al lado de los hombres de Moctezuma. El aparato cuantitativo de la moral comienza a actuar.

La gente esta ávida de juzgar por eso estudia historia. Aseguro que entre mas se le estudie mas sangre va encontrar. No hay pueblo bueno.

¿Y el Buen salvaje?. Este no estudia ni investiga el pasado aun así no lo pierde. Se debe a un pasado artístico no científico.

Lo "bueno" en Occidente se dice , no se recibe , por ende antes de comenzar la clasificación moral esta ya está perdida.

Un mundo se instala y actúa, no tiene ética en relación al todo. La modernidad acostumbra teoréticamente al juzgamiento desde su torre histórica y desde lo que se llama “el Hombre”, pero el Hombre antes no existía. Por ende no existe maldad por que no existen “ojos sociales” absolutos.


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“El proceso” de Orson Welles, es una de las más grandes películas que he visto. Causa una especie de náusea. De sudor de pesadilla. De un mundo temible, pero ordenado, como el literario,Kafka puede darnos todos esos momentos extraños como cuando encandilados ,tras la película, salimos del cine y no reaccionamos por algunos minutos. Acá Welles no teme y saca otro atroz, nos muestra las sombras, sin miedo a llevar a imágenes algo muy difícil de sacar de las palabras. No me imagino un cine que no sea expresionista. La veo en cama por la mañana y no me dan ganas de levantarme. Aun así pienso que esta llena de humor.


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Chesterton en “Herejías”, ahí esta todo. Me canso y salgo a correr. ¿Es posible que en esta ciudad no pase nada? Tengo que educar a treinta alumnos y el fin de semana entregarles el pan a los pobladores. Los alumnos me miran con un gesto como diciendo: nos gusta cuando habla de cualquier cosa menos de lo que debe. Soy un funcionario por ende soy culpable.


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Todos quieren hacer libros con imágenes personales, los filósofos, artistas, literatos, los especialistas se cansan del debate cerrado (Alain los llamó "propos"). Cuando uno se encuentra con alguno de la escuela analítica no espere otra cosa que decepcionarse. Amar tanto a su disciplina no permite escribir estos libros maravillosos: Por ejemplo “Cabos Sueltos” de Carla Cordua, Juan Rivano con el inolvidable libro sobre Diógenes, los "Carnets" de Camus y sobre todo George Perec en “Pensar y Clasificar” un ánimo profundo para los que vivimos del fragmento:

"Hay algo de exultante y de aterrador a la vez en la idea de que nada en el mundo sea tan único como para no poder entrar en una lista".


Diario







Escribir ya me cansa. Si uno no es bueno, por lo menos debería cuestionarse la palabra “bueno” y en eso perder su vida. En TV Vicente Huidobro: héroe de mi adolescencia me parece hoy un siútico, un loco aristócrata emborrachado con las propiedades frescas del lenguaje de su siglo, con la extraña esperanza que genera un paracaídas.

La burguesía es puro placer ciego , rico , alucinante, exquisitamente idiota.



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Hoy compré en la feria anticuaria de Valparaíso dos libros imperdibles. “Pragmatismo” de William James , que al comienzo cita a Chesterton en una frase inolvidable:


"Hay personas, y yo soy una de ellas, que piensan que la cosa más práctica e importante en el hombre es su punto de vista acerca del universo. Creemos que, si a una patrona, antes de admitir un huésped, le es importante conocer el sueldo que éste gana, aún es más importante para ella conocer la filosofía que él tenga. Creemos también que, si un general en campaña debe conocer el número de tropas del enemigo, aún es más importante para él saber cuál es la filosofía del enemigo. Pensamos que la cuestión no es si la teoría del cosmos afecta a los asuntos, sino si, a la larga, cualquier otra cosa los puede afectar".


Mucha gente de ciencia habla como si su objeto fuese “la verdad”. Las ciencias empíricas son un instrumento eficaz y perfectible. Es falso aquello que no conduce a los resultados que se desean y verdadero lo que conduce al éxito del propósito que llevo a formularse una pregunta.


William James sentó las bases para comprender la experiencia religiosa. Agrupó con mucha astucia dos espíritus diferentes para abordar los problemas filosóficos:

Los llamó espíritus delicados y espíritus rudos . Los primeros son racionalistas (se atienden a los principios ), idealistas, intelectualistas , optimistas , religiosos, indeterministas, monistas y dogmaticos. Los segundos, los de espíritu rudo serian : Empiristas , sensualistas , Materialistas, pesimistas , irreligiosos, fatalistas , pluralistas y escépticos.



Y el gran misterio consistiría entonces, ni mas ni menos, ¡En una dis-posición espiritual!



También compré Soren Kierkeergard “Mi punto de vista”. Está loco pero cercano. Alguien que escribe así tiene todo el derecho a citar a Dios cien mil veces (incluso asociándolo al absurdo) :


“De niño estuve bajo el imperio de una prodigiosa melancolía, cuya profundidad encuentra su justa medida sólo en la igualmente prodigiosa habilidad que tenía para esconderla bajo una aparente alegría y joie de vivre. Hasta donde alcanza mi recuerdo, mi única alegría consistía en que nadie pudiera descubrir lo desdichado que me sentía. Esta proporción (la magnitud igualmente grande de melancolía y de arte de simulación) significa que estaba relegado a mí mismo y a la relación con Dios”.


El viejo vendedor me dice con cara maliciosa: “lléveselos todos” (los treinta libros de filosofía que tenia), yo le contesto “soy capaz”. Me gusta pensar que son robados, hipótesis nada extraña por la desidia económica y física con que el vendedor apilaba y ofrecía tan grandes libros.


Cada día escribo más horrible (si es que alguna vez escribí decentemente, pero al fin y al cabo a todos nos llega el África), No más frases nihilistas. Puro POP. Si viviéramos una guerra a lo menos lanzaríamos un manifiesto de algo. Extraño tener mi “Ismo”.




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No se tocar ni una tecla del piano por eso la única muestra de conocimiento sobre la música, en el caso de Debussy, es una lágrima.


Toda intencionalidad musical me fue cercenada. Es un castigo por lo demás , encerrado solamente en la sensibilidad , no hay conocimiento. JAMÁS PENSARÍA QUE EL ARTE ES UNA HABILIDAD ¿Pero entonces que es?. Ni idea, el arte me es un territorio ajeno. Imprescindiblemente ajeno. La música, máxima representación de la voluntad, nace también de una voluntad afinada.


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Envidio la falta de derechos de los animales. Puestos ahí en el presente, aullando y triturando carne de sus semejantes. Hierba de un piso que no los sostiene. Amo la potencia de la biblia antigua, como esos pintores románticos que buscaban en ella cualquier cosa menos verdad. Si abandonamos la verdad todo se presenta estético. No hay termómetros para nuestra civilización, herviremos y explotaremos en la ignorancia máxima de nuestra enfermedad.


¿Que es estúpido el ahora?




Estaba la madre dolorosa llorando junto a la cruz de que pendía su hijo



¿Por que no leer esta carta una y otra vez hasta el infinito?, que es el infierno repitiéndose. ¿Por que no favorecer la locura que genera pequeñas guerras de camaraderías (una palabra tan de Rimbaud) tan desagradables para la sociedad pero tan certeras para la poesía?

¿Por que no reinarse a si mismo? y mejor aún, destronarse de inmediato, con urgencia y crueldad. La crueldad consigo mismo es una idea divina. Tanto como los hombres son el placebo de Dios.

Conocí a Rimbaud en el colegio, en vez de las matemáticas, hizo el daño adecuado al igual que Francois Villon el “medieval moderno”, conocí la Edad media por Villon y no por la historia (lecturas de recreo entre la manzana y el aburrimiento total). Es decir el medievo era un delincuente para mí, hermoso, irreparable, absoluto, que le cantaba a la nieve de invierno y a los lobos. Que cantaba condenado:



"Yo François Villon, a los cincuenta y un años

gordo y corpulento, de labios color ceniza

y mejillas que el vino amoratara,

a una cuerda ahorcado

lo sé todo acerca del pecado.

Yo, François Villon,

a una cuerda pendido

me balalnceo lento, habiendo sido

peor que Judas, quien también murió ahorcado.

Las viejas se estremecen al oír mis hazañas

pues no tuve respeto para la vida humana….


…Sabrán de mí los niños

de edades venideras

como de un gran pecador

y asustados correrán a esconderse

bajo las sábanas cuando sus madres

les digan: «Cuidado ahí viene».

Y esa será la fama de Villon, el Ahorcado.

Y será tal mi fama que prefiero el olvido

porque un día, mañana

de ese futuro que el hedor hace

parecerse al recuerdo, una mano

dejará caer, al oír mi nombre

el fruto del culo, el excremento

y mi vida, y mi carne, y todos mis escritos

¡promesa serán sólo para las moscas!".




Los franceses se apoderaron del recreo y de su vida, y ahora él en el perfecto aburrimiento heredado, no es ni vidente ni ahorcado. Sólo se sume en el silencio de algunas palabras sin patria, sin ganas.


¿Será la carta del vidente una especie de declaración de los derechos del espíritu que se hace palabra? Cambiar la vida le dijo ese niño francés a mí, al otro, al niño que buscaba patria. Cambiar la vida. ¡Cambiar la vida!



Cartas del vidente


Por Arthur Rimbaud

Versión: Ramón Buenaventura

PRIMERA CARTA:


De Arthur Rimbaud a Georges Izambard

Charleville, [13] mayo 1871


Estimado señor:

Ya está usted otra vez de profesor. Nos debemos a la sociedad, me tiene usted dicho: forma usted parte del cuerpo docente: anda por el buen carril. — También yo me aplico este principio: hago, con todo cinismo, que me mantengan; estoy desenterrando antiguos imbéciles del colegio: les suelto todo lo bobo, sucio, malo, de palabra o de obra, que soy capaz de inventarme: me pagan en cervezas y en vinos. Stat mater dolorosa, dum pendet filius, (Estaba la madre dolorosa llorando junto a la cruz de que pendía su hijo) — Me debo a la Sociedad, eso es cierto; — y soy yo quien tiene razón. Usted también la tiene, hoy por hoy. En el fondo, usted no ve más que poesía subjetiva en este principio suyo: su obstinación en reincorporarse al establo universitario —¡perdón!— así lo demuestra. Pero no por ella dejará de terminar como uno de esos satisfechos que no han hecho nada, porque nada quisieron hacer. Eso sin tener en cuenta que su poesía subjetiva siempre será horriblemente sosa. Un día, así lo espero, — y otros muchos esperan lo mismo —, veré en ese principio suyo la poesía objetiva: ¡la veré más sinceramente de lo que usted sería capaz! Seré un trabajador: tal es la idea que me frena, cuando las cóleras locas me empujan hacia la batalla de París —¡donde, no obstante, tantos trabajadores siguen muriendo mientras yo le escribo a usted! Trabajar ahora, eso nunca jamás; estoy en huelga. Por el momento, lo que hago es encanallarme todo lo posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras.

YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!

Usted para mí no es Docente. Le regalo esto: ¿puede calificarse de sátira, como usted diría? ¿Puede calificarse de poesía?

Es fantasía, siempre. — Pero, se lo suplico, no subraye ni con lápiz, ni demasiado con el pensamiento.





De Jules Michelet , "La Bruja".



El pequeño pero profundo tedio del analgésico. La vida pierde su peso. Las pupilas se congelan. La fijeza de los ojos crea un mundo nuevo, como el de Parménides, donde el movimiento es una ilusión.. El pensar en este estado es sólo un ritual extravagante. El mundo sin valor es como una flor obsequiada al moribundo, sin aroma, sin razón, absurda…

Curiosamente el universo, el todo tienta. El cerebro veloz en su acción pero inmóvil en su respuesta no dice nada del yo. Uno se funde con algo pero ignora ese algo. El yo pesa. El paraíso es desagradable. Extrañaremos el dolor. La existencia en su lentitud más radical solo dice. “Yo soy eso”. Lo que me sobrepasa me destruye.

Un poco santo, un poco bruja , ambos destructores del hombre , que se resigna, que no aspira, que marchitado solo pasa por un mundo .Descubro que el Satán de Rimbaud es el mismo de Michelet, ¡ah! ese historiador que escribe como poeta. La Historia debería descansar en la poesía. La memoria es una morfina que crea "cuerpos", no verdades. Hoy ¿que historiador exclama?. Los historiadores hoy ponen números donde deberían ponerse a exclamar. Se le lee y relee por horas.

Atendiendo el consejo de Roland Barthes que dice de Michelet : "En el combate de la modernidad, la fuerza histórica de un autor se mide por la dispersión de las citas que se hacen de su obra . Ahora bien, Michelet se dispersa mal. No se lo cita”. Creo que “La bruja” es un libro escrito para mí:



"Los santos, esos bienamados, los hijos de la casa, no se mueven contemplan, sueñan; esperan esperando, seguros de tener un sitio entre los elegidos. La poca actividad que tienen se concentra en el círculo cerrado de la Imitación (esta palabra es toda la Edad Media). Pero él, el bastardo maldito, que sólo merece el látigo, no puede esperar. Sale a buscar y no descansa jamás. Se agita entre la tierra v el cielo. Es muy curioso, revuelve, entra, sondea, mete la nariz en todo. Se ríe, se burla del Consummatum est. Siempre repite: 'Más lejos", “¡Adelante!"

Por otra parte, no es un ser difícil. Recoge todos los restos: toma lo que el cielo bota. Por ejemplo, la Iglesia bota a la naturaleza, como impura y sospechosa. Satán se apoderó de ella, se adornó con ella. Más aún, la explotó y se sirvió de ella, hizo nacer las artes, aceptó el gran nombre con que se quiere herirlo, el de Príncipe del Mundo…´( )



No somos nosotros solamente, ¡ay!, es toda la naturaleza que se vuelve demoniaca. Si el diablo está en una flor, ¡cuánto más estará en el sombrío bosque! La luz, que se creía tan pura, está llena de hijos de la noche. El cielo repleto de infierno... ¡qué blasfemia! ¿Qué se ha hecho de la divina estrella de la mañana, cuyo centelleo sublime más de una vez aclaró a Sócrates, a Arquímedes o a Platón?... Es un diablo: el gran diablo Lucifer.

Por la noche se transforma en el diablo Venus, que me induce a tentación con sus muelles y suaves claridades.

No me sorprende que esta sociedad se haya vuelto terrible y furiosa. Indignada de sentirse tan débil contra los demonios, los persigue por todas partes en los templos, al principio en los altares del antiguo culto, después en los mártires paganos. Basta de festines: pueden ser reuniones idólatras. Hasta la misma familia es sospechosa, pues la costumbre podía reunirla en torno de los antiguos lares. Y ¿por qué una familia? El Imperio es un imperio de monjes.

Pero el individuo solo, el hombre mudo y aislado, mira todavía el cielo y en los astros encuentra y honra a sus antiguos dioses. “Es esto lo que trae las hambres - dice el emperador Teodosio - y todos los flagelos del imperio”. Terribles palabras que lanza sobre el pagano inofensivo la ciega cólera popular. La ley desencadena ciegamente todos los furores contra la ley.

Dioses antiguos, entrad al sepulcro. Dioses del amor, de la vida, de la luz, ¡apagaos!

Poneos el capuchón de monjes. Vírgenes: sed religiosas. Esposas: abandonad a vuestros esposos; o, si conserváis la casa, sed para ellos como frías hermanas.”

(Jules Michelet; Fragmentos de "La bruja")




BILLY BUDD, MARINERO (UN RELATO TESTIMONIAL) Herman Melville, [Capítulo VII]



“En vista del papel que el comandante del Bellipotent desempeña en las escenas que en breve se describirán, parece apropiado completar ese esbozo que de él se ha hecho en el capítulo anterior.

Aparte de sus cualidades como oficial de marina, el capitán Vere era un personaje excepcional. A diferencia de no pocos destacados marinos ingleses, el prolongado y arduo servicio y la notable dedicación al oficio no habían terminado por absorber y anular totalmente al hombre. Tenía una marcada inclinación por todo lo intelectual. Amaba los libros; jamás se hacía a la mar sin una biblioteca renovada, breve, pero con los mejores títulos. El aislado ocio, en algunos casos tan fastidioso, en que, a intervalos, caen los comandantes, incluso durante un crucero de guerra, jamás fue tedioso para el capitán Vere. Sin rastros de ese gusto literario que atiende menos al contenido que al vehículo , sus predilecciones se orientaban hacia aquellos libros hacia los que cualquier mente sana y superior, ocupada en algún cargo activo y de autoridad en el mundo, tiende naturalmente a inclinarse: libros que trataban de hombres y hechos reales, cualquiera fuese la época; historia, biografías y de escritores tan sobresalientes como Montaigne, quienes, libres de hipocresías y convencionalismos, honestamente y en el espíritu del sentido común, filosofan sobre la realidad.

En este tipo de lectura encontró la confirmación de sus pensamientos más recónditos, una confirmación que en vano había buscado en el trato social; de allí que, en lo que respecta a los tópicos más fundamentales, se habían establecido en él algunas convicciones positivas que, lo presentía, persistirían esencialmente inmodificables mientras no mermara su inteligencia. En una época tan turbulenta como la suya, tal cosa era buena para él. Sus firmes convicciones eran como un dique de contención contra las aguas invasoras de las nuevas ideas sociales, políticas y de todo tipo que arrastraron, como un torrente, no pocas mentes de aquellos días, mentes por naturaleza nada inferiores a la suya. Mientras otros miembros de esa aristocracia, a la que pertenecía por nacimiento, se exasperaban con los innovadores, principalmente porque sus teorías eran contrarias a las clases privilegiadas, el capitán Vere se les oponía desinteresadamente, no sólo porque le parecían incapaces de conformar instituciones duraderas, sino también porque se hallaban reñidas con la paz del mundo y el bienestar de la humanidad.
Dotados de inteligencias menos elaboradas y serias que la suya, algunos oficiales de su rango, con quienes a veces debía armonizar necesariamente, lo encontraban carente de trato agradable, considerándolo un caballero seco y teorético. Ante la posibilidad de no contar con su presencia, más de uno se sentiría inclinado a decirle a otro cosas como ésta: "Vere es un tipo noble, el Rutilante Vere. A pesar de los partes oficiales, en el fondo Sir Horace (refiriéndose al que después sería Lord Nelson) es apenas mejor marino o combatiente. Pero, entre nosotros, ¿no te parece que hay en su personalidad algo extraño propio de la pedantería? ¿No es igual que un hilo real entre un rollo de cuerda?"

Algún fundamento había para esta especie de crítica confidencial, ya que no solamente el discurso del capitán jamás caía en lo jocosamente descarado, sino que, para ilustrar cualquier punto referente a personajes o acontecimientos notables de la época, citaba figuras históricas o sucesos de la antigüedad con igual facilidad con que mencionaría a los modernos. Parecía inconsciente del hecho de que para su ruda compañía tales alusiones remotas, por pertinentes que fueran, eran totalmente ajenas a hombres cuya lectura se reducía principalmente a los diarios. Pero la consideración en tales aspectos no es fácil para naturalezas como la del capitán Vere. Su honestidad les prescribe ir siempre derecho, a veces demasiado lejos, como les sucede a las aves migratorias que en su vuelo nunca prestan atención cuando cruzan una frontera".





iconología



Faz de Cristo, icono ruso del sc. XII.







Detalle del Toter Christus (Cristo muerto) de Hans Holbein (1521-1522)




“¡Este cuadro! ¡...este cuadro! ¿Pero no sabes que al mirarlo un creyente puede perder la fe?” ("El idiota", Dostoievski)




Para mi Cristo en la cruz no significa nada, no quiero ningún contacto humano. Puede ser un personaje histórico tan particular como Vercigetorix el barbudo galo enemigo de Cesar pero Dios y lo místico debe desprenderse del suplicio de la imagen . Los cristianos ortodoxos como los budistas están ajenos a ese martirio gratuito del cuerpo. Cuando Dostoievski mira , en una visita a un museo de Basilea, un cuadro de Holbein, “El Cristo muerto” le falta la respiración, se ahoga, le dan claros síntomas de sufrir un ataque de epilepsia, un Cristo así “puede hacer perder la fe”. El cristiano ortodoxo ve en el icono ruso (su Cristo) solo la imagen de un Cristo triunfante, resucitado y esplendoroso. Al igual que el budista, que rechaza el martirio corporal del camino extremo de ese primer buda, famélico e inexperto en los asuntos de la meditación y que lleva su ayuno al límite. Para los tibetanos el camino debe ser el de al medio. Mahayana. Para los rusos el Cristo debe ser triunfante, tener oro en vez de sangre.

Volvamos a la imagen de un Cristo lleno de llagas descendiendo de la cruz. Como un animal recién cazado. Llegamos tarde para celebrar a la razón. Pero también llegamos tarde para celebrar el martirio.

Por eso me es tan familiar el pueblo ruso, tiene mi espíritu. Campesino hambriento y sufriente, pero artista y espiritual hasta su médula.

Nikos Kazantzakis lo describe con maestría : “El europeo coloca por encima de todo la inteligencia límpida, sumisa a la escala racional de los valores, el ruso coloca por encima de todo el alma, fuerza tenebrosa, rica, compleja, contradictoria, que impulsa al hombre, más allá de la razón, a la pasión violenta e irreflexiva. El ruso forma aún parte de la tierra, está lleno de tierra y de tinieblas cosmogónicas”

Un cuerpo en llagas sólo me horroriza. ¿Y los Cristos coloniales? Los primeros que vi de niño en los museos de mi ciudad ¿no eran el símbolo perfecto de un recargado barroco, lleno de sangre de la contrarreforma? Los indígenas americanos sin temor a los ríos de sangre abrazaron a ese Cristo. No se sorprendieron de sus llagas, de sus contusiones, la sangre coagulada, la piel amarilla y famélica.

Todo el símbolo del Cristo occidental se opone a la serenidad del buda en su lecho, en la cálida y relajada pose del león, como también se opone a esos iconos rusos donde Cristo se eleva entre el dorado fondo para tranquilizarnos.

¿Hay que ver las llagas y las contusiones para apoderarse de la imagen? ¿O solo nos quedamos con el Cristo tras su lucha espiritual?, el icono ruso resucitado. Tranquilo. Y ese pobre hombre ahí pudriéndose no tomó la pluma ni tampoco se dejo retratar, ¿como es que uno entonces pueda considerarse occidental? Uno no ama ninguna de las dos imágenes. Por que uno solamente se concentra en no pensarlos, en no imaginarlos. Ambos Cristos demandan una parte del mundo, para mí la paz y las llagas no aclaran nada.






Violeta Parra - Cantores que Reflexionan




En la prisión de la ansiedad
medita un astro en alta voz;
gime y se agita como león,
como queriéndose escapar.
¿De dónde viene su corcel
con ese brillo abrumador?
¡Parece falso el arrebol
que se desprende de su ser!
"Viene del reino de Satán",
toda su sangre respondió,
"quemas el árbol del amor,
dejas cenizas al pasar".

Va prisionero del placer
y siervo de la vanidad;
busca la luz de la verdad,
mas la mentira está a sus pies.
Gloria le tiende terca red
y le aprisiona el corazón
en los silencios de su voz
que se va ahogando sin querer.
La candileja artificial
le ha encandilado la razón.
¡Dale tu mano, amigo Sol,
en su tremenda oscuridad!

¿Qué es lo que canta, digo yo?
No se consigue responder.
Vana es la abeja sin su miel,
vana la hoz sin segador.
¿Es el dinero alguna luz
para los ojos que no ven?
"Treinta denarios y una cruz",
responde el eco de Israel.
¿De dónde viene tu mentir,
y adónde empieza tu verdad?
¡Parece broma tu mirar,
llanto parece tu reír!

Y su conciencia dijo al fin,
"cántale al hombre en su dolor,
en su miseria y su sudor,
y en su motivo de existir."
Cuando del fondo de su ser
entendimiento así le habló,
un vino nuevo le endulzó
las amarguras de su hiel.
Hoy es su canto un azadón
que le abre surcos al vivir,
a la justicia en su raíz,
y a los raudales de su voz.

En su divina comprensión,
luces brotaban del cantor.

Epistolario



“Esta cabeza creadora, que vivía de la vida superior del arte, que conocía las necesidades superiores del espíritu y que estaba acostumbrada a ellas , esta cabeza ha sido ya desprendida de mis hombros; quedan los sueños, imágenes creadas por mí y todavía no encarnadas. Es cierto que me hacen sufrir; pero me queda el corazón – y también la carne y la sangre -, que también puede amar, sufrir, desear, recordar; y esto es la vida toda. ¡Se ve el sol!”

(Carta de Dostoievski a su hermano Michel desde la fortaleza Pedro y Pablo 22 De Diciembre de 1849)





Prólogo para Oncólogos



No me pidan un catálogo de mi experiencia, mi currículum podría ser el mas vacío del mundo . Pongámosle preceptor. Se que los grandes sabios del siglo XVIII trabajaban como preceptores y sufrían por ello, mala paga y mucho trabajo. Tanto como Kant y Heine tuvieron que hacer de educadores de los infantes burgueses y hasta administrar la casa.

Escribí este opúsculo sin ninguna esperanza, como ejecuto todo en mi vida. Tome en cuenta eso si, que los grandes filósofos de la antigüedad no diferenciaban filosofía de poesía. Como Heráclito y Parménides, esos que Nietzsche llamaba filósofos de la intemperie intelectual. No tenían ningún gigante sobre sus hombros y aún así doblegaron a la naturaleza. Al contrario, yo tengo demasiados gigantes sobre mis anudados hombros, y quiero que se mantengan ahí cubriendo lo mas posible mi fisonomía.

Mi lucha poética se refleja en la frase de Theodor Adorno. “Tras Auschwitz, no se puede hacer poesía”. Mi tímido aporte a eso sólo consistiría en ponerle un signo de interrogación a esa frase y quitarle lo categórico de su sentencia, esto sólo para entender nuestra época. Por que nuestra época no es más que una suma de derrumbes de todos los estados categóricos que el hombre pasado con esfuerzo se limitó a erguir.

Traslademos esa frase a nuestra casa ¿Se puede hacer poesía con las vísceras rotas? Pienso en mi primo que murió a los 33 años de cáncer, pienso en Bolaño con el hígado destrozado, en Kafka tosiendo sangre, en Ezra Pound enjaulado como pájaro, en Nietzsche besando caballos italianos. La fisiología es la única musa que ronca. No hay ideales pero lo humano sigue en pie. ¿Cual es la labor del poeta? Ninguna. No hay labores, ni utilitarismo. Sólo hay que soltar amarras. El autor, el autor, el autor. El sueño de la razón produce Goyas.



No hay nada mejor que humillarse frente al infinito decía Dostoievski . Eckhart , Blake, Swedenborg y todos los místicos lo han anhelado, y nosotros hoy ,sin ninguna esperanza recibimos ese infinito lleno de piojos. No hay ya nada .

Pero igual ese niño abandonado, harapiento, hirviendo en piojos nos mira pidiendo tutela.

Entonces sólo nos queda despiojar los absolutos.

No es importante hoy, quizás el “dios ha muerto” (Gott ist tot) pero es grave no reconocer la radioactividad que generó esa bomba. Estamos contaminados y nos acostamos sin saberlo. El “dios a muerto” no es una simple demostración de que "Dios no existe" que un ingeniero en conversación con su mujer y en su nuevo departamento de éxito, (tras la cena y bebiendo su vino importado), reconocen. No muere como muere un objeto. Sino muere la moralidad. La moralidad es el cáncer.

El pensamiento técnico descubre que no hay tal dios, que no existe. Ese dato es ingenuo, positivista. Si se reconoce que muere ya hay un daño. La blasfemia igual participa de lo sagrado – dice Camus- Pero nada afirma si no hay un dios. El cuerpo sufre sin gravedad.

Nosotros no queremos que resucite un concepto, más bien que se reconozca el crimen, que se abandonen las momias de reemplazo, que el hombre reconozca que está a merced de la radiactividad mas temible que haya padecido. Un diluvio sin lluvia. Un Gólgota sin cruces, silencioso, solitario, sin martirio explícito.

El infinito esta lleno de piojos como para que nos sea tan caro. Estamos aquí esperando un trasplante, un absoluto visceral. Al igual que ese poeta griego Arquiloco que arrojó su escudo a los matorrales y huyó salvando lo único real (el pellejo), nosotros arrojamos nuestra alma a los matorrales y huimos silenciosos y cantantes hacia la nada.

El gran neurasténico. Agosto 2009